Articruz, el color de la inspiración…

Después de un tiempo lleno de sol, de raspadura con limón y de “Beias” por todos lados en Colón, nos encontramos un día en Ciudad de Panamá, para hacer una visita que sacudió nuestro motor de arranque, y nos otorgó una guía para estructurar el destino.

Hablamos del taller Articruz y lo que presenciabamos durante el recorrido: una atmósfera tranquila y limpia acompaña el calor humano siempre allí presente. La organización y planeación en cada detalle dadas en el desarrollo de cada etapa de cada proyecto artístico gestado en este lugar, epicentro de creación y arte, nos dejaron realmente inspiradas.

La llegada al taller fue toda una travesía, cosa característica en Panamá. Tras un diablos rojo con música a todo volumen y una rara concepción del tiempo, llegamosa Articruz con la inquietud de conocer a Carlos Cruz Diez, “El Maestro”, como lo denominan todas las personas que junto a él trabajan. Artista venezolano de 92 años, radicado hace 6 en Ciudad de Panamá y una leyenda del arte óptico mundial- más bien uinversal- que hizo y continúa haciendo historia.

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Ph. Rafael Guillén

Al llegar al taller, nos encontramos con Rafael Guillén, venezolano, radicado hace cinco años en Panamá; maestro de la fotografía y de la vida, propietario de un humor que contagia por doquier y su colega, Joel Bracho, también venezolano, encargado del departamento de comunicación de Articruz. Ellos dos fueron quienes por más de una hora, nos mostraron y contaron todo a cerca del Maestro Carlos Cruz-Diez, del taller Articruz, de la Fundación Cruz – Diez y del modo de  trabajo desde los planos de cada obra, hasta las máquinas, materiales y procesos, todo con gran con un grado de detalle que colinda con la perfección.

Cada obra que allí se realiza, guarda un proceso milimétrico entre planos técnicos, que el mismo Carlos Cruz-Diez realiza utilizando las máquinas de corte y doblado que él diseñó y fabricó años atrás, en busca de dar respuesta a lo que en aquellos tiempos el mercado no tenía. Tal como aquel dicho “Si no existe, se le hace”, El Maestro inventó los mecanismos necesarios para materializar sus ideas.

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Ph. Rafael Guillén

El taller es un sueño, con todas las herramientas disponibles y al alcance para dar rienda suelta a la creatividad y la imaginación. El centro audiovisual, la cámara de pintura, en fin… es “El Taller”, donde no solo se realizan obras del Maestro sino de otros artistas, tanto plásticos como realizadores y productores audiovisuales.

El recorrido tardó más de una hora, tiempo en el que paralelamente El Maestro hacía su siesta.  Al final nos recibiría con un abrazo especial y una gran sonrisa. Se sentó con nosotras para conversar y nos mostrarnos sus obras al rededor del mundo. Empezó por la escultura vegetal ubicada en el Cerro Nutibara en Medellín. Habló de su interés en apoyar a otros artistas y de la exhibición “Spectra” de Cisco Merel (Panamá), 1010 (Alemania), Nelio (Francia) y Felipe Pantone (España), quienes realizaron sus obras en el taller de Articruz, en una residencia artística que tuvo un mes de duración.

El Maestro, además, enfatizó en la necesidad de llevar el arte a los espacios públicos, afuera, donde la vida sucede, que es donde hay que proponer nuevos paradigmas y destronar a los ya instaurados en el tiempo.

La obra del maestro en el espacio publico, es uno de los grandes legados que él nos ha regalado a toda la humanidad, donde pone al espectador a ir más allá y cuestionar la realidad de no tragar entero. “El Color es un hecho autónomo que existe sin la necesidad de la forma”, nos dijo. Así mismo sucede con lo que el arte urbano hace en la sociedad.

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Ph. Rafael Guillén

Al final, a la hora de tomarnos una foto, dijo el maestro “digan CRISIS” y todo se tornó en risas; ese es Cruz Diez: un genio simpático que nos felicitó por apostarle al arte para el desarrollo y a quien en contraparte le agradecemos más bien por inspirarnos a nosotras ahora, y a tantas generaciones a lo largo de la historia.

Gracias Carlos Cruz-Diez, por la labor y responsabilidad con el arte. Por sus enseñanzas y su verraquera para hacer las ideas tangibles. Gracias a cada uno de los que allí trabajan hombro a hombro, como una familia. Gracias a Cisco Merel y 1010 por su arte y su humanidad, a Rafael Guillén por sus risas y su calor venezolano. Gracias a Facundo y Joel.

Gracias Maestro, por todo el color.

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Ph. Rafael Guillén